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Sí, sobre todo si el concierto es de Rock. De todas formas, para no hablar sólo de rock (que es lo que me gusta a mí), es verdad que la música en general está considerada como una de las cosas más placenteras de la vida ya que libera dopamina en el cerebro como también lo hace la comida por ejemplo… Es innegable que, además, la música influye en nuestro estado de ánimo y es evocadora de momentos vividos.

Algunos tipos de música nos ayudan a mejorar el rendimiento potenciando el alcance de metas y aumentando el nivel de concentración. Eso sí, hay que elegir la música adecuada en cada momento.

Para mi clase (soy maestra de Infantil) me informé hace años de cómo utilizar la música dependiendo de la actividad que estamos realizando. Por un lado, la música clásica nos ayuda a desarrollar mejor nuestras ideas, mantenernos alerta y optimizar procesos de aprendizaje (aunque, volvernos más inteligentes, de eso, nada de nada…).

El rock o los ritmos acelerados en general, por su parte, dotan de adrenalina al cerebro y aumentan la resistencia cuando estamos practicando ejercicio físico, además de ser unos grandes liberadores de estrés.

Debido, además, a la característica interpersonal de la música, me aporta gran cantidad de recursos para trabajar en el aula ya sea con contenido o sin él. Favorece de forma significativa esas primeras relaciones que se establecen entre niños y niñas pequeños. Y añado: entre adultos.

Y como me gusta mucho ir de concierto, me he informado de los beneficios que nos aporta. Un estudio realizado en 2014 en Australia indica que las personas que asisten regularmente a conciertos se sienten más felices en su vida en general. El estudio estuvo dirigido por la Universidad de Victoria. Participaron en este estudio 1.000 australianos y se determinó que aquellos que asistieron a cualquier evento musical, destacaban frente al resto por tener el índice de satisfacción en su vida superior al resto.

El estudio también descubrió que el aspecto comunitario era la parte más importante (claro, una persona escuchando música sola no causaba el mismo efecto que acudir a un concierto en masa). A esto se le denomina el “bienestar social”.

Os preguntáis, quizás, ¿para qué se va de concierto? En mi opinión es una razón puramente social: comentar cómo ha sido el concierto, cantar juntos si nos sabemos las canciones, saltar como locos agarrándonos al de al lado…

En definitiva, lo que hacemos es volver a la niñez, estrechar lazos con nuestros allegados, liberarnos del estrés, sentirnos parte de algo, total… ¡ser más felices!.

Así que ahí va mi conclusión: Hay que ir de concierto para ser más feliz. 

Os recomiendo que echéis un vistazo a la página de Facebook de Rock en Familia y disfrutéis de los mejores conciertos en compañía de los más pequeños.

 

 

Pilar Casañ Fernández

Children’s Tutor

Julio Verne School

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