Cada día es más habitual y está más extendida la negación del castigo como estrategia educativa. Afirmaciones como “la solución no es castigar”, “el castigo está desfasado” o “castigando a tu hijo no vas a conseguir lo que esperas de él” son hoy muy frecuentes entre los profesionales del sector y ya existen infinidad de artículos, vídeos y ponencias al respecto.

En este sentido, la pregunta que debemos plantearnos es: “¿quiero que mi hijo se comporte de una manera determinada porque yo se lo ordeno, o lo que espero de él es que entienda cómo debe relacionarse con los demás y su entorno?”

Antiguamente, era habitual recurrir al castigo o incluso a la violencia cuando los niños y niñas desobedecían y no se comportaban. En la actualidad, hemos descubierto que estos recursos son contraproducentes y que debemos fomentar el refuerzo positivo, evitando cualquier conducta violenta que dificulte el desarrollo emocional y que afecte a la autoestima del niño/a.

Como afirman las psicólogas Cecilia Martin y Marina García, directoras del Instituto de psicología y desarrollo personal Psicode: “A los pequeños hay que ponerles límites y reglas porque son necesarios para su educación y desarrollo. Los límites les dan seguridad porque, así, crecen sabiendo cómo funciona el mundo que les rodea, saben qué se espera de ellos y qué normas deben respetar. Debemos evitar sobreprotegerlos y consentirles. Pero no es necesario usar el castigo, tenemos otros métodos más positivos y respetuosos que no dañan la autoestima del menor ni su relación con el adulto”.

Valorando esta afirmación, nos surge la siguiente pregunta: “¿cómo educamos a nuestros hijos e hijas fomentando el refuerzo positivo?

Muchas veces, sólo les “reñimos” por las cosas que han hecho mal, por haber obtenido un mal resultado en un examen, por no haber recogido sus juguetes, por ser perezosos, por haber contestado en un tono inadecuado; pero ¿cuántas veces elogiamos y valoramos lo que han hecho bien? Inconscientemente, tendemos a prestar más atención a aquello que hacen mal y éste es un comportamiento que debemos tratar de cambiar.

Por ello, es muy importante reforzar todo aquello que nuestros hijos/as hacen bien valorando sus aptitudes y alabando sus logros, con un lenguaje positivo y mostrándonos orgullosos de ellos.

Una simple palabra, una sonrisa o una mirada de aprobación tienen una gran repercusión en su autoestima y confianza y, como padres y madres, tenemos la responsabilidad de que nuestros hijos/as sean individuos capaces de gestionar sus emociones y, sobre todo, felices.

Hay una regla que puede ser muy útil a la hora de regañar o reconducir una conducta inadecuada, la regla 2/3: “diles dos cosas que han hecho bien por cada una que tengas que corregir.” De esta manera, podemos comenzar por felicitarles por esas cosas que queremos reforzar y cuando toque mencionar el “pero…” para corregirles otra, seguro que también lo afrontaremos con otro tono de voz, con otro talante más constructivo y de manera más dialogante y serena.

Otra regla básica es la de “pregunta-espera-escucha-dialoga”. Es decir, después de comentarles lo que han hecho mal, podemos lanzarles una pregunta sobre su punto de vista, para que analicen lo que han hecho. Luego, viene una parte difícil: esperar y escuchar. Para ello, es necesario tener paciencia. Solemos lanzar la pregunta y enseguida seguimos hablando nosotros, respondiendo y poniendo mil ejemplos: “a ti te parece que si todos hiciéramos…, si mamá hiciera lo mismo…”. Lo importante es que, tras la pregunta, esperemos pacientemente a la respuesta del niño, a veces cuesta un tiempo. Podemos volver a preguntar, pero hay que esperar a que contesten. Sí, a veces la espera se hace muy larga, pero tenemos que hacerle ver que estamos esperando su respuesta, que nos importa su opinión.

Una estrategia que podemos utilizar es la del rincón del diálogo. En realidad, no es un rincón, sino un espacio donde podamos sentarnos, sin juguetes o distractores cercanos, donde colocaremos dos sillas, una con una boca (para el que va a hablar) y otra con una oreja (para el que va a escuchar). Los roles cambiarán, sugiriendo un cambio de sillas, invirtiendo los papeles y clarificando lo que se espera de cada uno.

Si esto lo hacemos desde pequeños, cada vez será más fácil establecer esa comunicación necesaria para resolver conflictos.

Patricia Navarro Ferrer

Primary Tutor

Julio Verne School

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